¿Qué sucede?
Tras años de continuo conflicto interno entre las políticas humanistas y la postura nacionalista, la migración ha sido un tema recurrente en las urnas y parlamentos de Europa, más aún en un Instrumento Internacional como puede ser la Unión Europea. La cual, el pasado mes aprobó y llevó a cabo unas de las reformas geopolíticas e institucional más severas que se hayan visto en sus Estados miembros.
El Nuevo Pacto sobre Migración y Asilo, enmienda puntos como la solidaridad obligatoria, donde los países que no reciban refugiados directamente, deberán pagar una compensación económica o proporcionar apoyo logístico a los estados fronterizos; controles fronterizos estrictos, donde se identifica de forma más ágil perfiles y acelerar deportaciones bajo la base de datos Eurodac.
Este endurecimiento de los controles en el Viejo Continente ha trasladado la presión económica y operativa hacia la periferia geopolítica, intensificando la financiación y el equipamiento de las fuerzas policiales en países clave de Medio Oriente para que actúen como un primer dique de contención frente al cruce de fronteras ilegales. Sin embargo, esta inyección de recursos destinados a la externalización de fronteras ha comenzado a contraerse en el último año debido al desgaste provocado por el continuo conflicto interno entre las políticas humanistas que exigen el respeto irrestricto a los derechos humanos de los migrantes y la postura estrictamente nacionalista que prioriza la soberanía y la seguridad nacional.